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Tocando temas duros e incómodos, esta película es consciente de ello y de que tiene algo que contar y lanzar un mensaje y en ese sentido cumple con creces su propósito. Laura García Alonso, joven directora catalana, ha debutado con muy buen tino con este filme que desde el cine deportivo se adentra en drama psicológico en una inmersión muy certera y sincera sobre la salud mental de los deportistas de élite y la fragilidad de estos. La protagonista, Cristina (una excelente Alba Sáez), una chica de 20 años atleta velocista de brillante trayectoria y prometedor futuro llega al brote psicótico a causa de su autoexigencia y de su meticulosidad, hecho que parece en principio cambiar la percepción de si misma y de su carrera deportiva, pero en su propia cabeza las cosas no funcionan de manera tan sencilla y sus propios fantasmas amenazarán con volver a aparecer. Una personalidad muy compleja la de la protagonista, marcada por su deseo de ser siempre la mejor, la difícil relación por diversos motivos con su familia, y posiblemente algún oscuro aspecto que no el espectador no logra saber del todo pero que puede intuirse.
En su vertiente de drama sin concesiones, es muy interesante como se plantea la relación de Cristina con su familia: aunque tanto su padre viudo y casado en segundas nupcias (Alex Brendemühl) como su hermana (Marina Salas) tratan de ayudarla, siempre hay algún impedimento y elemento discordante, causado por Cristina generalmente, que hace que la tarea no sea fácil, con una sensación de impotencia muy bien captada en el filme. El mito de la autosuperación en el deporte aparece en esta historia en su lado más cruel en un filme que casi se acerca al terror psicológico y que diferentes escenas aparentemente catárquicas atenúan en un buen ejercicio narrativo. Muy recomendable para el público joven, de nuevo nos encontramos con un debut honesto y prometedor.








